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Experiencia de intercambio en Portugal

El pasado 27 de septiembre, seis jóvenes de diferentes programas de Fundación Tomillo emprendieron una nueva aventura, pasar una semana con jóvenes de diferentes países de Europa: Alemania, Bulgaria, Hungría y los anfitriones de Portugal, estos últimos pertenecientes a una escuela de segunda oportunidad para que los jóvenes retomen sus estudios.

Junto con nuestro grupo, nos acompañaba una “líder”, aunque ese término se queda muy lejos de lo que fue Irene en realidad, una compañera más, preocupada siempre por nosotros y disponible para lo que necesitáramos.

Los objetivos de dicho intercambio eran, entre otros, introducir a los jóvenes en dinámicas de trabajo, cumpliendo horarios, participando en talleres y crear grupalmente una “performance” que representaríamos al final de la semana, y por otro lado convivir con personas de diferentes países. Uno de los grandes retos fue el idioma, casi el total de los jóvenes se comunicaban en inglés, aunque eso no fue impedimento para aquellos que no dominaban el idioma, ya que entre nosotros nos ayudábamos.

Llegamos el primer día, y nos encontramos en el aeropuerto con el grupo alemán y una de las líderes portuguesas. Nos dirigimos a la escuela donde nos encontramos con el resto de los grupos y fuimos recibidos con alfombra roja y todo. Tras varias dinámicas y juegos de presentación partimos rumbo a lo que iba a ser nuestro lugar de convivencia, un campamento scout en la provincia de Aveiro.

Fueron pasando los días y tímidamente nos íbamos conociendo, cada día seguíamos un horario: nos levantábamos y desayunábamos, y seguidamente realizábamos un calentamiento en grupo para empezar con energía los talleres. Nos dividimos en los tres talleres de baile, música y teatro. Una vez cada uno en su taller trabajábamos un par de horas antes de comer y otro par de horas después de comer. Cada noche había una actividad diferente, la noche intercultural donde intercambiamos comida y presentamos nuestros países, una noche de relax total, una noche totalmente scout a la luz de la hoguera…

Las noches eran para conocernos más entre nosotros, algunas noches había que dormirse pronto, pero otras aprovechábamos para dar paseos juntos, ir a la playa y, sin duda, esos eran los momentos que más te acercabas a tus compañeros, poco a poco las amistades fueron surgiendo, pero sin dejar de ser un grupo muy unido los casi cuarenta jóvenes que éramos.

Pasaron los días, hasta que llegó el gran día, donde íbamos a enseñar aquello en lo que habíamos estado trabajando toda la semana. Todo era nervios, emoción y a la vez tristeza, porque el viaje llegaba a su fin. Todo el esfuerzo y dedicación se reflejó aquella noche, donde todos y cada uno de nosotros brillamos. Al acabar la actuación, nos ofrecieron una fiesta con todo tipo de comida en la escuela de Matosinhos.

Llegó el último día y el plan era el siguiente: conocer la ciudad de Porto, visitar la universidad de educación y una fiesta sorpresa por la noche donde cenaríamos a la luz de la luna y con vistas al río Ebro. Esa noche estuvo llena de emociones y despedidas con sabor a “nos volveremos a ver pronto”. Aquella madrugada, poco a poco los grupos partían rumbo a sus hogares, el equipo español fue el primero, y así, a las cuatro de la mañana del 4 de octubre iniciamos el camino de vuelta a casa, llevándonos en nuestra mente y corazón a todas esas personas que hicieron de esa semana algo inolvidable.

Personalmente, me alegra inmensamente haber participado en este proyecto que se nota que se ha cuidado con mucho cariño y hasta el último detalle. Esta experiencia no se queda sólo en un viaje de intercambio común, ya que algunos participantes viajarán en los meses próximos a visitar a aquellos con los que la amistad fue más estrecha.

Damaris Alejandra Grijalva Aguilar