Se esta mandando tu mensaje...

Noticias

Recordando el Camino de Santiago 2018

Casi dos meses después de despedirnos en la Estación de Méndez Álvaro volvimos a encontrarnos con los chicos y chicas del Camino de Santiago 2018. Desde enero de este mismo año hasta justo antes de partir, estuvimos preparándonos para caminar y para cambiar.

Cuando iniciamos esta andadura, sabíamos que la aventura nos traería aprendizajes, pero nunca imaginamos que tantos y tan trascendentes. Por todo ello y para no perder las buenas costumbres adquiridas durante nuestro viaje colectivo, pedimos a los chicos y las chicas que a este último encuentro realizado en octubre trajeran su memoria escrita del recorrido. Ésta es una muestra del resultado:

“Cuando me ofrecieron hacer el Camino de Santiago dije “¿Por qué no? Suena mejor que quedarme en casa sin hacer nada…” Nunca pensé que conocería a gente maravillosa, ni me veía conviviendo DOS SEMANAS con personas a las que apenas conocía.

La noche antes de iniciar el viaje no dormí por lo emocionada que estaba. Por momentos no quería ir. Era una sensación extraña… supongo que tenía miedo de no encajar en el grupo.

Para mí el Camino significó muchas cosas. Sobre todo: un reto. Necesitaba un respiro, alejarme, pensar, conocerme a mí misma.

El quinto día del Camino hicimos un taller emocional…Yo sabía que la mayoría íbamos a llorar pero nunca puede faltar ese taller. Cuando terminamos salí fuera del albergue, necesitaba estar sola. Ya estaba oscureciendo. Me senté en un banco y me puse a pensar. Lo primero que se me vino a la cabeza fue mi madre, lo luchadora que es, por todo lo que ha tenido que pasar para que mi hermano y yo estemos aquí. Decidí que intentaría, desde ese día en adelante, brindarle más apoyo y, sobre todo, aprender a valorar lo que ella nos ofrece.

Esa misma noche lloré por ella, por el esfuerzo que hacía por entenderme. Así que cogí el teléfono y la llamé: fue la primera vez que la dije “te quiero”. Nunca se lo había dicho. Simplemente me armé de valor porque sabía que yo necesitaba tanto decirlo como ella escucharlo.

Según pasaban los días fui sintiéndome parte de una familia, porque en eso se convirtieron. No en simples “colegas” o compañeras de viaje, sino en una FAMILIA.

Los paisajes que veíamos eran únicos, imposibles de atrapar en una simple foto, se quedaban guardados en nuestro recuerdo.

La gente con la que nos encontrábamos en el Camino siempre era amable, nos deseábamos y hacíamos el “¡buen camino!”.

El día que llegamos a Santiago me sentí orgullosa de mí misma. No podía creer que YO hubiera llegado hasta allí. No lo hice sola, lo logré con el apoyo de todos y todas. Fue una experiencia maravillosa, vivida con personas maravillosas. Y lo mejor de todo es que tengo grabado en mi mente cada momento.