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Ensemble musical en Tiempo Joven

Desde el programa Tiempo Joven siempre tratamos de programar las actividades teniendo muy en cuenta las aficiones y referentes de los participantes para, a partir de ahí, despertar nuevos intereses y profundizar en el desarrollo artístico, social y emocional de estos jóvenes.

Este curso 2020-21 el reto era mayor si cabe, ya que veníamos de una situación de aislamiento social, apatía, malestar emocional… Por lo que los talleres grupales debían dar respuesta a esta necesidad de revincular con los demás y reconectar con su motivación.

En esta evidente demanda de entornos en los que explorar, interactuar y compartir, planteamos a los participantes una evolución para el taller de guitarra, gracias a la adquisición de un piano que nos permitiría continuar en el desarrollo de la competencia musical. La respuesta automática del grupo fue exactamente la que buscamos en el marco de Tiempo Joven: quienes estaban algo familiarizados con el nuevo instrumento, enseñaban a sus compañeros con ilusión y orgullo.

Poco a poco empezaron a coordinarse para tratar de hacer sonar ambos instrumentos de manera simultánea y armónica. Era evidente el camino por el que había que continuar: con sus “rudimentarios” conocimientos musicales, sus crecientes inquietudes y sus ganas de hacer cosas juntos, estaban pidiendo a gritos formar UNA BANDA. De esta manera, el taller tradicional de guitarra evolucionó hacia una forma compartida y horizontal de aprendizaje entre pares: un ensemble de rock.

Teníamos micros, guitarras, un piano… ¡¡¡Nos faltaba la percusión!!! La idea inicial era, con algo de inventiva y material reciclado, poder crear junto con los participantes un instrumento casero, pero desde Escuela de Musicalidad, al escuchar nuestra propuesta, se brindaron a prestarnos una batería, que nos ayudó a montar Daniel, un papá baterista del Programa.

No es fácil explicar las caras de felicidad cuando llegaron al local de Campotejar esa tarde. Durante los dos primeros días, guitarras y piano dejaron de existir, os podéis imaginar… Y entonces empezó la revolución del taller. Un día un participante llegaba con hojas impresas de ritmos, habiendo investigado en casa las nociones básicas para tocar la batería, y así poder enseñar a los demás. Otro día, un compañero enseñaba a otra cómo se hacen acordes con el piano, para que pudiera tocar cualquier acorde de manera autónoma… Un bullir de nuevos aprendizajes construidos colectivamente.

Nuestro ensemble es algo atípico. Primero, porque el afán por aprender es tal que no quieren especializarse en un instrumento, sino aprender de todos. Y segundo, porque normalmente para formar un ensemble hace falta cierta formación musical previa, y aquí estamos aprendiendo las bases y construyendo canciones simultáneamente, lo que alimenta enormemente su motivación.

En breve celebraremos nuestro tradicional Festival Intercultural, para ese día estamos preparando dos temas, algo rockerillos, que mostrar a los demás. Llevamos muy poco tiempo, y aún nos queda recorrido para poder ser una verdadera banda de rock, pero el proceso no puede estar siendo más bonito.

 

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