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Entrevistamos a Mar Ortiz, profesora de Tomillo desde hace 30 años

Mar se incorporó a Tomillo en octubre de 1989 como profesora impartiendo cursos del INEM que era la formación que llevábamos a cabo en aquel entonces. En esta entrevista nos cuenta cómo ha cambiado el perfil de los y las jóvenes que acuden a Tomillo y la forma de intervención que llevamos a cabo.

Mar, ¿desde cuánto eres profesora en Tomillo 

Empecé como profesora de cursos del INEM en 1990 y estuve en esos cursos hasta 1999, momento en el que empezamos con Garantía Social, que sería la antigua Formación Profesional Básica y hasta ahora.

 ¿Cuándo te incorporaste a Tomillo qué formaciones impartía entonces la Fundación? ¿El perfil de los alumnos era parecido al actual?  

Los alumnos de cursos del antiguo INEM eran de un perfil muy diferente a los que tengo en FP Básica actualmente. Eran alumnos universitarios en paro, trabajadores jóvenes y menos jóvenes desempleados, personas que querían cambiar de profesión y darse una nueva oportunidad en otro sector, etc. Como era un momento en el que estábamos desarrollándonos, muchos de los recursos que ofrecemos hoy en día (orientación, intermediación, experiencias internacionales, inglés, música, etc.) no podíamos darlos nosotros mismos, pero a través del Centro de Información Juvenil de Tomillo, podíamos ofrecer a nuestros jóvenes y mayores, información de programas, organizaciones y/o centros que podían ofrecerles todos esos recursos.

Ahora la organización está más focalizada en jóvenes con situación de vulnerabilidad, se ha especializado y consigue mayor impacto en la persona.

Ahora sigues dando clases en FP, ¿Qué es lo que ha cambiado?   

El perfil de alumnos de FP es muy diferente. Actualmente los alumnos son más jóvenes, adolescentes, muy frágiles, con situaciones familiares complicadas que en ocasiones les impide desarrollarse adecuadamente como personas y como profesionales. Los alumnos que atendíamos en los primeros años no tenían situaciones familiares tan complicadas, eran situaciones que en la mayoría de los casos mejoraban con la obtención de un empleo. 

Por esta razón, los que trabajamos con este perfil de alumnado tenemos que tener una especial sensibilidad con estos jóvenes y sus situaciones personales. 

¿Cómo describirías Itinerario+? ¿Es la versión mejorada de la FP de hace años? ¿O es más que eso?   

Es un sistema organizado y muy bien estructurado, con herramientas que a mí en particular me permiten trabajar poniendo mayor conciencia y con mayor eficacia. Itinerario+ tiene varios elementos que se pueden poner en juego según las necesidades y capacidades del alumnado y los profesores.

Para ello, hemos analizado y reformulado las experiencias de enseñanza-aprendizaje que se estaban llevando a cabo en la Tomillo asentándolas en cinco pilares comunes: El marco de competencias socioemocionales, el acompañamiento, el modelo de evaluación, la metodología a partir de proyectos integrales (ABPS), la unión de la educación formal y no-formal.

Podríamos concluir que Itinerario+ es la suma de esfuerzos, metodologías, palancas y recursos planificados y secuenciados estratégicamente con el objetivo de demostrar que trabajando de forma integrada los aspectos formales y no formales, personales y profesionales, así como sociales y comunitarios, se puede cambiar la trayectoria vital de jóvenes procedentes de contextos desfavorecidos, generando un modelo innovador que asegura que los jóvenes que pasan por él son más competentes desde un punto de vista socioemocional, son más empleables y cuentan con un plan de vida que les permite tomar decisiones informadas sobre su futuro.


 

¿Por qué es innovador?  

Lo que más destacaría de este método pedagógico es que se trabajan tanto las relaciones sociales como las habilidades emocionales para conseguir un aprendizaje profundo. Anteriormente ya se tenían en cuenta estos elementos pero ahora se hace de un modo explícito. También subrayaría la evaluación que no se realiza mediante exámenes sino con la presentación de las evidencias de aprendizaje recogidas día a día por los estudiantes en un portfolio y presentada durante el ciclo de evaluación de una forma más consciente.   

Es un modelo pedagógico original e innovador que se centra de forma personalizada con cada alumno. Cada joven recibe una formación y orientación vocacional personalizada con alto nivel de autonomía en el desarrollo de su itinerario formativo. Además este modelo desarrolla competencias en el ámbito personal y profesional, ofreciendo experiencias fuera del aula que refuerzan las competencias personales de los jóvenes que de otra forma no podrían adquirir. La metodología utilizada se fundamenta en el Aprendizaje Basado en Proyectos con enfoque en Aprendizaje y Servicio Solidario, donde los estudiantes aprenden haciendo, a través de proyectos individuales y grupales, que articulan el aprendizaje, añadiendo un enfoque de servicio en su producto final. 

Cuando entran a clase por primera vez ven un espacio que se parece más a una empresa que a un aula, con distintas zonas de trabajo y, lo más sorprendente, compartiendo aula con otro grupo de un perfil profesional diferente al suyo. 

A lo largo del curso los y las estudiantes trabajan en proyectos integrales que les permiten aprender conocimientos y habilidades de manera global, con sentido y propósito. Inicialmente son proyectos más guiados. A medida que su autonomía crece va aumentando la capacidad de elección sobre qué aprenden, cómo y cuándo. Además, los proyectos implican aprender fuera del aula frecuentemente: salimos a explorar el barrio, entrevistar a personas del entorno, visitar empresas, viajar a otras ciudades cercanas. Por un lado, aprender fuera de las cuatro paredes del aula les permite aprender de manera experiencial; se sienten más activos, más motivados. Visitar empresas y entrar en contacto con personas de realidades muy diferentes a la suya les permite ampliar sus perspectivas, conocer otros caminos que antes no sabían que existían. Algunos/as se sienten abrumados/as porque ven muy lejana esa realidad; es normal, es parte del proceso. Otros/as sienten inspiración y curiosidad, descubren que hay más posibilidades de las que conocían hasta ahora y empiezan a plantearse nuevas aspiraciones. 

Los proyectos se complementan con experiencias de aprendizaje no formal que enriquecen su desarrollo integral y activan su motivación. Así, ya sea por la tarde después de clase o durante el horario escolar, los alumnos tienen la posibilidad de realizar píldoras, talleres o trayectos formativos relacionados con el arte, el deporte, la naturaleza, la tecnología o la música. Estos espacios sirven para que los alumnos exploren desde un escenario de aprendizaje diferente y desarrollen competencias personales.  

Otro de los grandes cambios que experimenta un/a joven cuando entra en Tomillo es la forma de evaluación. Viene acostumbrado/a ser una nota, un número, una calificación que le ha etiquetado a lo largo de su vida académica. Cuando llega a Tomillo se descoloca al ver que no hay notas, no hay boletines que etiqueten al estudiante en las diferentes asignaturas, sino informes competenciales. De pronto, descubre que tiene un papel activo en su propia evaluación: aprende a usar un portfolio donde recoge evidencias de su aprendizaje y de su desarrollo competencial a lo largo de todo el proyecto; utiliza un diario de aprendizaje en el que reflexiona sobre su progreso, sus avances y las estrategias que le ayudan a aprender más y mejor; recibe feedback diario de sus profesores/as que le permite ser consciente de sus fortalezas, sus progresos y sus áreas de mejora. Todas estas acciones cobran sentido cuando el/la alumno/a va a realizar prácticas a una empresa. No sería posible que los y las alumnas tuvieran una experiencia de aprendizaje tan significativa y tan aprovechada en la empresa si previamente no hubiéramos acompañado su desarrollo socioemocional y técnico a lo largo del curso. 

Por último, a lo largo del trayecto formativo de un/a alumno/a en Tomillo, hay un/a orientador/a que vela por que su experiencia formativa sea personalizada, y quien orienta y guía al alumno/a en su toma de decisiones. De esta manera, el alumno/a que inicialmente entró en FPB con una mochila cargada de experiencias de fracaso sale siendo consciente de cuál es su siguiente paso; sale siendo consciente de sus logros, consciente de sus fortalezas y aceptando sus limitaciones; sale capaz de tomar decisiones personales y profesionales conscientes e informadas; en definitiva, sale de Tomillo con un plan de vida. 

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