¿Sabías que en Tomillo el acompañamiento a niños, niñas y adolescentes no termina cuando acaba el curso?
En julio cerramos las aulas, pero no paramos. Cambiamos los cuadernos por bañadores, gorras, entradas de cine, excursiones y muchas ganas de disfrutar. Un año más, ponemos en marcha la Escuela de Verano de Tomillo, una propuesta que da continuidad al trabajo realizado durante el curso y convierte el verano en un espacio para seguir aprendiendo, conviviendo y creciendo.
Este año, 250 niños, niñas y adolescentes participan en la Escuela de Verano de Tomillo en los centros de Usera, Villaverde, Latina y Carabanchel, donde el mes de julio se llena de actividades, experiencias y momentos que también educan.
Un verano lleno de planes
En la Escuela de Verano hay días para lanzarse al agua en la piscina, reír en una gymkana, decorar gorras con creatividad, remar en piragua, ir al cine, disfrutar de una bolera, descubrir nuevos lugares en excursiones, vivir aventuras en espacios como Parque Europa, Safari Madrid o Aventura Amazonia, y compartir salidas en familia.
También hay talleres, actividades acuáticas, espectáculos de magia, visitas culturales, proyectos de aprendizaje-servicio y la esperada Gala Tomillera, uno de esos momentos en los que se celebra todo lo vivido durante el mes.
Porque cada actividad tiene algo especial. Una excursión puede abrir la puerta a descubrir un lugar nuevo. Una gymkana puede enseñar a trabajar en equipo. Un taller puede despertar la creatividad. Y una gala puede convertirse en ese recuerdo que se queda mucho después de que termine el verano.


Ocio que también educa
En Tomillo sabemos que no solo se aprende en clase. También se aprende jugando, compartiendo, respetando turnos, ayudando a un compañero o compañera, cuidando el material o atreviéndose a participar en algo nuevo.
Por eso, detrás de cada plan hay mucho más que diversión. La Escuela de Verano ayuda a reforzar la autonomía, la responsabilidad, la cooperación, el respeto y la convivencia. También ofrece un ocio saludable, seguro y acompañado, especialmente importante para quienes no siempre tienen fácil acceder a este tipo de experiencias durante las vacaciones.
El objetivo es claro: que cada niño, niña y adolescente disfrute, gane confianza, se sienta parte de un grupo y descubra nuevas formas de vivir su tiempo libre.
El ritmo es más veraniego, pero el sentido sigue siendo el mismo: acompañar, cuidar y generar oportunidades.



Este año, también con las familias
Como novedad, esta edición incorpora una Escuela de Familias, pensada para acompañar también a madres, padres y personas cuidadoras.
A través de sesiones formativas, actividades compartidas y excursiones familiares, se trabajan temas como la comunicación en casa, la crianza positiva, las pautas educativas y la resolución de conflictos. Pero también hay espacio para algo muy importante: disfrutar juntos, fortalecer vínculos y compartir tiempo de calidad.
Veranos que dejan huella
Al final, eso es también la Escuela de Verano de Tomillo: un mes para coleccionar momentos sencillos, pero importantes. Un chapuzón con amigos, una excursión esperada, una gorra decorada con orgullo, una risa en mitad de una gymkana o una actividad que al principio daba vergüenza y después se convierte en recuerdo.
Porque cuando acaba el curso, en Tomillo seguimos acompañando.
Y tú, ¿recuerdas algún verano que te dejara huella?




















































































