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Hablamos con Marcelo Segales, coordinador de proyectos del Área de Estudios e Innovación Social

Cuéntanos cuál es la labor que lleváis a cabo en el Área de Estudios e Innovación Social

El Área de Estudios e Innovación Social, que existía como Centro de Estudios Económicos hasta 2013, es un equipo multidisciplinar de tres personas que llevamos a cabo dos grandes líneas de actuación. Por una parte, la evaluación y la medición de resultados e impacto de proyectos propios de la entidad y de intervenciones de otras entidades, empresas y AAPP. Por otra parte, estudios sobre temáticas relacionadas con la realidad que rodea las intervenciones de Fundación Tomillo: infancia, familia, educación, juventud, empleo, pobreza, etc. Un reciente ejemplo es el estudio FP Now, sobre educación por competencias en la FP, para el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Otro, es la identificación de la inversión en infancia en los presupuestos de distintas AAPP en colaboración con Unicef. Esto es, parte de nuestra tarea se destina a Fundación Tomillo y parte son clientes externos, como Unicef, Acción contra el Hambre, Ayuntamiento de Madrid, Ministerio de Derechos Social y Agenda 2030, Youth Business Spain, Acciona Energía, Fundación Incyde de Cámaras de Comercio o Porticus, entre otros.

Desde el área de Estudios e Innovación Social se está llevando a cabo un proyecto de investigación relacionado con la energía y la participación ciudadana en el ámbito urbano: Procesos participativos para alcanzar el ODS 7: energía accesible, renovable y con justicia social

Explícanos en qué consiste esta investigación

El proyecto de investigación se inscribe en este contexto y tiene como objetivo inspirar las políticas locales en varios frentes (sostenibilidad, participación ciudadana, ciudadanía global) para el cumplimiento de uno de los Objetos de Desarrollo Sostenible (ODS), el número 7, que se refiere a alcanzar una energía accesible para todos/as, renovable y con justicia social. Como sabes, los ODS son los objetivos de la Agenda de Desarrollo 2030 de la ONU y sintetizan las aspiraciones de todos los países en cuanto a la mejora de la calidad de vida y la sostenibilidad en el planeta. Incluyen desde la eliminación de la pobreza, la sostenibilidad y el cambio climático, la educación, la igualdad de las mujeres o el diseño de las ciudades. La idea fundamental del estudio es identificar y caracterizar seis procesos participativos urbanos que acercan a las ciudades a alcanzar el ODS 7. El proceso está siendo financiado por la Subdirección General de Ciudadanía Global y Cooperación Internacional del Ayuntamiento de Madrid.

¿Cómo nace la inquietud por investigar procesos participativos en el ámbito de la energía?

Realmente el proyecto tiene dos antecedentes. Por una parte, como área de Estudios no podemos desconocer la deriva social y ambiental de nuestro planeta como un gran desafío global y su interconexión con la pobreza y las desigualdades, la participación social, la gobernanza y la democracia. Por otro lado, no sería justo ignorar la experiencia que desde la entidad se pone en el fortalecimiento de las competencias de nuestros jóvenes y nuestros esfuerzos por convertirlos en agentes de cambio de sus vidas y su entorno. En particular, el proyecto “Barrios Sostenibles” ha servido de inspiración práctica al diseño y desarrollo de la presente investigación.

¿Cuándo empezó la investigación y cómo se ha desarrollado hasta el momento?

El proceso empezó en febrero de 2020 y básicamente tiene cuatro fases. Al principio, preidentificamos 21 iniciativas socialmente innovadoras y democráticas en el ámbito de la energía a nivel urbano en España y Europa. A su vez, contactamos con once personas expertas en participación ciudadana y energía para que nos ayudaran a valorar estas iniciativas. Así, nos quedamos con las 6 mejor valoradas: 3 en España y 3 en Europa. Posteriormente conocimos a sus principales impulsores, las analizamos y elaboramos los casos de estudio. Al mismo tiempo, hemos diseñado una web (https://www.humanbridge.es/)  con los principales hallazgos que obtenidos. La semana pasada hicimos 4 grupos de trabajo para aterrizar los aprendizajes y ahora estamos elaborando el informe final, que presentaremos a final de mayo.

¿Cómo afectó la pandemia al desarrollo de la investigación?

Afectó de dos maneras. Primero, porque íbamos a hacer viajes a conocer las distintas experiencias y entrevistar a las personas in situ, pero todo eso se tuvo que cancelar y sustituir por entrevistas a través de Zoom. Segundo, porque evidentemente fue más difícil contactar con las personas impulsoras de las iniciativas debido a la difícil situación que atravesaban y que hacía que tuvieran menos disponibilidad. Pero, en todo caso, el contacto con las representantes de los casos y las expertas que nos ayudaron a seleccionarlos y participaron en los recientes grupos de trabajo ha sido muy fluido. La idea es que todo esto sirva, entre otras cosas, para fortalecer también el ecosistema de investigación y acción en torno a la democracia y la justicia energética y por eso quisimos dar ese protagonismo a activistas e investigadores en todo el proceso.

¿Qué es la justicia energética?

Cada autor o activista la define a su manera, pero se produce cuando la producción, distribución y consumo de energía se realiza en condiciones de acceso universal, sostenible ambientalmente y bajo control ciudadano. Es un ideal, porque la energía es un servicio que está, en muchas ocasiones, bajo la órbita del mercado, y precisamente esta investigación ha explorado maneras en las que la gobernanza de las políticas energéticas ha incorporado a la ciudadanía en algún sentido. Incorporar la participación social es fundamental en todos los ámbitos de las políticas, pero en cuestiones energéticas es fundamental para empoderar a las personas, impulsar las energías limpias y evitar situaciones de pobreza energética. En definitiva, buscar un planeta socialmente más justo, democrático y sostenible.

¿Qué iniciativas se han estudiado entonces?

En total han sido 6 y muy heterogéneas. Esa era la idea, que el Ayuntamiento de Madrid pudiera incorporar lo que le resultara más interesante de cada una, que tuviera una paleta de colores amplia de donde elegir. En España estudiamos la coproducción de políticas energéticas de Cádiz, la transformación de Viladecans en una ciudad que aspira a la transición energética y los Puntos de Asesoramiento Energéticos de Barcelona. En Europa, dos modelos de gobernanza hacia la descarbonización como son Lovaina (Bélgica) y Manchester (Reino Unido) y una comunidad energética en Londres (Brixton).

¿Qué es una comunidad energética?

Es una plataforma de ciudadanos que decide que la manera que tiene de consumir energía no es la adecuada, porque no es justa socialmente (propicia que haya cortes de suministro cuando la familia tiene dificultades económicas) ni es sostenible (origen de la energía no renovable). Entonces se ponen de acuerdo e invierten en formas más limpias y justas. En el caso de Brixton, montaron una cooperativa e instalaron paneles fotovoltaicos en las azoteas de tres edificios de viviendas sociales. Con eso obtienen energía más barata que la del mercado, renovable, y se apoyan cuando hay problemas para los pagos. En una palabra, consigue un cierto grado de soberanía energética. Si bien de momento la energía solo se traslada a las zonas comunes, se espera que pronto pueda suministrarse directamente a las vividas. Es algo cada vez más frecuente, sobre todo en Europa, pero aquí se están empezando a diseminar.

¿Alguna lección aprendida del proceso?

Yo señalaría una central: la relevancia de promover la participación ciudadana a varios niveles, no solo de la propia ciudadanía autoorganizada sino con universidades, empresas, entidades sociales, sectores culturales, deportivos, religiosos, etc. Por ser un proceso democrático todos tienen algo que decir y además todos pueden ayudar a conseguir lo más importante: el cambio cultural para que no sea alguien quien nos tenga que decir a las personas y otros actores sociales que tenemos que ser más sostenibles, sino que eso forme parte del sentido común. Y eso se consigue si los actores sienten los objetivos de sostenibilidad como propios.

¿Cuáles son los próximos pasos del proyecto?

Ahora estamos elaborando el informe y el 27 de mayo lo vamos a presentar en un evento online de difusión, para el cual invitamos a todos y todas a que nos acompañen, por supuesto. Pronto se incorporará la información más concreta sobre este evento en la web de Fundación Tomillo y en la web del proyecto.

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