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La Escuela de Oportunidades también se adapta y se refuerza. Entrevista con Giuliana Locane, educadora de Tomillo.

Entre estados de alarma, confinamientos, toques de queda y múltiples restricciones con las que vivimos la “nueva normalidad” la Fundación Tomillo continúa trabajando y ofreciendo refuerzo escolar y apoyo socioeducativo a jóvenes, niños y niñas, y sus familias, en situación de vulnerabilidad, que con la pandemia se hace aún más peligrosa.

Para conocer más sobre los proyectos de apoyo a la infancia, como la Escuela de Oportunidades y la situación actual de los alumnos y alumnas en las aulas, hablamos con Giuliana Locane, que trabaja como educadora de Tomillo desde hace más de un año.

¿Qué es la Escuela de Oportunidades?

Es un proyecto de apoyo a la infancia de Tomillo orientado a ofrecer un servicio integral de acompañamiento a las familias y menores que participan en nuestras actividades de formación y tiempo libre. Su principal objetivo es prevenir el abandono prematuro escolar y ofrecer una educación igualitaria e inclusiva. Se caracteriza también por incluir a los profesionales que intervenimos, social y académicamente, de una manera más unificada y transversal. Tenemos en cuenta tanto habilidades como competencias de los menores y trabajamos bajo una metodología igual en todos los casos, unificando así criterios y formas de trabajo en todos los centros con todos los participantes.

Usamos el aprendizaje basado en proyectos como conductor de nuestras programaciones, y la digitalización, herramienta que consideramos fundamental en estos tiempos para el futuro de las chicas y los chicos, para estar preparados y que no vuelva a suceder lo que en varios casos ha pasado, la desconexión total con sus estudios.

Actualmente estamos trabajando en conjunto, desde el equipo pedagógico programando proyectos, y con todas las/los educadoras/es realizando las adaptaciones necesarias, pensando en cada grupo particularmente con sus necesidades, tanto individuales como grupales. Para que la calidad de nuestra intervención sea real y genere un impacto, necesitamos tomarnos ese tiempo para hacer esa construcción conjunta y darle importancia a la planificación de los proyectos.

Tras casi dos meses de clases presenciales con los menores ¿crees que ellos se han adaptado a las nuevas circunstancias generadas por la pandemia?

Sorprendentemente sí. Creo que al estar tan ansiosos por volver, se han tomado las medidas muy responsablemente. También, al tener que cumplirlas en sus colegios e institutos y luego con nosotras, se acomodaron muy rápido al uso permanente de la mascarilla, el distanciamiento, el higienizarse las manos constantemente, lo único que les cuesta más es el formato híbrido, ya que extrañan la presencialidad de forma completa.

Como profesora ¿cómo ha sido tu adaptación y qué nuevos retos te ha generado esta situación sanitaria en tu actividad profesional?

El principal reto fue pensar en varios escenarios a la hora de imaginar las sesiones. Tanto lo presencial como lo online, actividades que puedan respetar los protocolos pero a la vez sean motivadoras para las chicas y los chicos que asisten. Y en la parte online, aprender una batería de recursos para que también, si hay que conectarnos a través de una pantalla, sea un medio más entretenido y personalizado.

A parte de las competencias digitales que profesores, estudiantes y familias han tenido que aprender para realizar las clases online ¿qué otras habilidades crees que se deben tener en cuenta para asegurar el éxito escolar de niños y niñas en situación vulnerable?

En primer lugar, creo que lo más importante a trabajar con las familias y menores que vienen a nuestros centros es la mentalidad de crecimiento, el  sentido de posibilidad. Hay menores a quienes les han hecho creer que no valían o no podían estudiar. Muchas veces al encontrarme con estas niñas y estos niños veo que hay muchas personas que les hicieron creer que no podían o que tenían mucha menos capacidad de la que verdaderamente tienen, me parece que de la mano con la autoconfianza es algo a tener muy presente y a ayudar a desarrollar en cada una y cada uno de los participantes que tenemos para que así puedan creer en sí mismos. También la perseverancia y la resiliencia, porque tanto en un contexto “normal” como en esta “nueva normalidad” que estamos viviendo hay muchas situaciones que a todos se nos hacen cuesta arriba, y en ese sentido la perseverancia juega un papel muy importante para no dejarse caer, y la resistencia para poder superarse a sí mismos y salir adelante.

¿Crees que ha habido una buena adaptación e integración de las familias con la escuela?

Creo que hay muchas situaciones diversas. Varias familias al tener dificultades de diferente índole, no llegan a tener una integración 100% real, en muchos casos la falta de recursos o el no saber utilizarlos no les ha permitido adaptarse. También están aquellas que se han implicado y esforzado por no “perderse” de nada a pesar de las dificultades. Pero también, están las que a pesar de tener recursos o habérselos facilitado, hay que hacer un trabajo de desarrollo de otro tipo de competencias de base para poder llegar a eso.

Además del refuerzo educativo y el acompañamiento con los deberes, ¿has tenido que intervenir en aspectos emocionales o psicológicos de los estudiantes, debido a la incertidumbre que genera la pandemia?

Sí, en muchos casos ha traído mucho más que sólo incertidumbre. La estabilidad económica que esto significó para muchas familias con las que trabajamos también hizo que tengamos que acompañar, aunque sea con algunas palabras de aliento y facilitando recursos para los que se pudo. Los y las participantes sufren todo esto y eso tampoco les permite, a veces, rendir al 100%, la preocupación por sus familias y sus hogares hace que además de lo académico haya que acompañar y estar más presentes que antes.

En el caso de las actividades presenciales, lúdicas y educativas, que se suelen programar en Tomillo ¿cómo se están gestionando para que los alumnos sigan interactuando sin ningún riesgo para su salud?

Para que todas las actividades que pueden ser presenciales lo sean, se tienen en cuenta medidas de seguridad y protocolos específicos. Medir la temperatura al llegar, higienizarse antes de entrar y al salir, y desinfección del espacio utilizado. Los grupos con los que siempre trabajamos son reducidos, pero aún así mantenemos la distancia entre cada uno y cada una dentro del aula y realizamos actividades donde esto se respete. Algunos centros han tenido que dividirse el espacio y tener algunas sesiones a la semana de manera online para poder garantizar estos protocolos.

¿Has sentido que la brecha social y digital se ha intensificado con la emergencia sanitaria y con la acelerada digitalización de la educación?

Sí. Hay casos en que ha significado la desconexión casi total de algunas y algunos chicos con sus colegios por muchos meses. Hay menores que no quieren volver al formato online porque les significó una gran dificultad mucho más allá de la meramente académica. Pero también, están las situaciones en las que han aprendido a utilizar los dispositivos, después de meses de complicaciones, y hoy son alumnas y alumnos que pueden ponerse en contacto con sus instituciones y con nosotras de manera digital sin problemas.

Desde que comenzó la pandemia Fundación Tomillo ha entregado 337 dispositivos móviles (portátiles, tablets y smartphones) a jóvenes, niños y niñas de Madrid en situación vulnerable ¿continúa existiendo esa necesidad?

En mi opinión sigue habiendo necesidad de dispositivos. Ya que algunas situaciones han cambiado desde el final de curso. Hoy en día no hay casi ningún colegio que no tenga una parte de sus clases de manera remota, y creo que a nivel educativo, no puede volver a pasar lo que ocurrió, que haya niños y niñas que no puedan estudiar o acceder a sus actividades escolares debido a la falta de conexión.

Otra necesidad que veo que es imperante es que además de la digitalización “por necesidad” se plantee un modelo donde se motive a los y las estudiantes a hacerlo, a conectarse, a aprovechar la competencia digital a su favor y ver los beneficios que le puede aportar. Ya que en muchos casos lo viven como un peso y no como una oportunidad.

 

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