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La dificultad de romper la brecha digital entre los más pobres

Entrevista de El País a Ángel Serrano, director general de la Fundación Tomillo. La Fundación Tomillo logró que sus alumnos superaran la falta de ordenadores y lograran superar el curso pese al confinamiento.

Foto: El País. Ángel Serrano Almodóvar, director general Fundación Tomillo, en su sede en el barrio de Orcasur (Usera). ADOLFO BARROSO

La Fundación Tomillo, creada en 1984 y con un reconocido prestigio a nivel nacional e incluso internacional, tuvo que rehacer todos sus objetivos. Sus 450 escolares en formación reglada -en su mayoría formación profesional básica y de grado medio- se unen a los 700 jóvenes y sus familias con riesgo de exclusión social por falta de medios. La carrera contra el reloj llegó a principios de marzo cuando el Gobierno central decretó el estado de alarma. El principal problema de estos alumnos residentes en distritos desfavorecidos como Villaverde, San Blas o Puente de Vallecas, desaparecieron de las aulas. Pero de forma literal. Los jóvenes carecían de los mínimos recursos informáticos, como un ordenador o una tableta en la que poder recibir sus contenidos escolares mientras estaban confinados en sus casas. “Más de la mitad de nuestros alumnos no tenían cómo seguir nuestras clases, estaban deslocalizados y sin que nosotros pudiéramos contactar con ellos. Muchos residen en casas pequeñas en las que vive mucha gente y sin recursos económicos”, reconoce Ángel Serrano, que llegó a su cargo el 1 de marzo tras estar cuatro años como patrono de la fundación.

Los padres de esos jóvenes se encontraban en expedientes de regulación de empleo, cobrando un salario social o en trabajos de economía sumergida. Con el confinamiento, todo eso se vino abajo y las familias no tenían ni para comer. Durante la primera semana, los responsables de la fundación se centraron en volcar todos los contenidos en la web, de forma que no se rompiera la formación a mitad de curso. También contactaron con asociaciones de vecinos y con Ayuntamientos para poder ayudar a esas familias. En los peores momentos, hubo que tirar el fondo de emergencia de la organización y llamar a muchas instituciones públicas y privadas.

“Lo que teníamos claro es que no se podía bajar la formación. Si estos chicos dejan de recibir sus clases, abandonarían los estudios. Y lo hemos conseguido con creces. Todos ellos han seguido estudiando y con un éxito sin precedentes. El fracaso escolar ha llegado al 12% cuando de media en toda España es del 40%, según las cifras oficiales. Para este curso tenemos la matrícula llena”, afirma con orgullo Serrano. “El elemento clave son las personas. Gran parte de los estudiantes de FP desaparecen en enero. Por eso, nuestro trabajo consiste en que se comprometan y se ilusionen con su formación. Hay que acabar con la herencia generacional de la pobreza”, añade. La fundación da cursos de hostelería y cocina, informática y redes, electricidad y electrónica, administración y belleza, entre otras especialidades.

El curso ha empezado de manera presencial, pero reduciendo el número de alumnos en las aulas para mantener la distancia física necesaria. También se han planteado escenarios de nuevo confinamiento o de limitaciones en el movimiento. “Inculcamos a nuestros alumnos la importancia de las mascarillas. Durante las cuatro o las seis horas que están aquí, los tenemos controlados y las tienen que utilizar siempre”.

Leer entrevista completa: El País

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