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Los protagonistas de la «Escuela de Verano» nos cuentan su experiencia

Después de casi tres semanas de haberse iniciado la Escuela de Verano de la Fundación Tomillo, hemos hablado con los estudiantes, familias, educadores y participantes del proyecto para conocer sus opiniones sobre esta iniciativa, que tiene como objetivo luchar contra el absentismo y el abandono escolar de los niños y jóvenes entre 6 y 18 años, en medio de la crisis sanitaria que ha generado la Covid-19.

Ana Tejedor, Directora del Área de Escuela y Comunidad de la Fundación Tomillo, nos explica que la Escuela de Verano forma parte del proyecto Escuela de Oportunidades, que se desarrollará hasta junio de 2021, combinando la educación virtual con la presencial. La Escuela de Oportunidades atenderá a más de 400 jóvenes y sus familias, implicando a unos 100 centros del Sur de Madrid, situados en los distritos de Usera, Villaverde, Carabanchel, Latina, Vallecas y San Blas. “Somos conscientes de que en cinco semanas o un año no se solucionan los problemas de desigualdad educativa y brecha digital, sino que es vital el acompañamiento constante por parte de la escuela, la familia, las instituciones y las entidades sociales, que en situaciones como el confinamiento, generamos un rol de mediadores con la comunidad educativa para dar apoyo a los niños y jóvenes”, ha señalado la Directora.

En la Fundación Tomillo contamos con un Fondo de Emergencia que ha mejorado la situación de 526 familias. Dicho fondo ha hecho posible que 337 niños y jóvenes hayan recibido un dispositivo digital (portátiles, tablets y móviles), que se hayan proporcionado 228 nuevos accesos a internet y, por último, que se repartan 109.000 euros en ayudas para paliar necesidades inmediatas de familias en situación precaria.

Hablamos con Esther, madre de 3 niños participantes en la Escuela de Verano:

 

Ruth, una estudiante de 11 años, nos ha contado que está en la Escuela de Verano porque le ha quedado una asignatura pendiente y que allí recibe el apoyo de los formadores. Además dice estar feliz por ver a sus compañeros después de haber pasado tanto tiempo encerrada. María, otra compañera suya, nos cuenta su experiencia:

Sin duda esta experiencia también ha sido un reto para los formadores, como Sara Lamas, educadora de la Fundación Tomillo, que nos ha comentado que “la crisis sanitaria ha supuesto un desafío porque nos hemos tenido que digitalizar en tiempo record. Teníamos que dotar a las familias de recursos para empezar a trabajar en un nuevo marco de intervención que incluía, no solo los aspectos informáticos, sino seguimiento constante a las familias y apoyos económicos”

Hemos constatado que la Escuela de Verano cumple un papel fundamental para que los jóvenes se vuelvan a conectar con su proceso vital y su proceso educativo. Muchas personas, empresas e instituciones están haciendo posible este proyecto, no solo con el apoyo tecnológico y educativo, sino también con donaciones de dispositivos informáticos y alimentos, y con el trabajo de los voluntarios.

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