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Reducir la brecha digital pasa por la capacitación digital de los agentes educativos

La pandemia ha acelerado la reconversión digital y este impulso hacia la digitalización se ha acelerado en todos los contextos. Desde mediados de marzo de 2020 nos hemos visto obligados a cambiar nuestros modelos de trabajo y, sobre todo, el modelo educativo. Era evidente que este modelo más tecnológico iba a producir diferencias en las oportunidades de desarrollo de las poblaciones y que ha generado una distancia entre aquellas que tienen o no tienen acceso a las mismas, la brecha digital, que conocemos de primera mano y que las entidades sociales estamos compensando desde el primer momento.

Esta transformación digital sobrevenida, en el ámbito de las entidades sociales, nos ha supuesto un esfuerzo extra, ya que tenemos que compensar las desigualdades, no sólo en la capacitación y desarrollo de habilidades, sino también en la facilitación de recursos tecnológicos a las personas con las que trabajamos.

Durante el confinamiento gran parte de nuestro trabajo se centró en dotar de los recursos tecnológicos a los menores que lo necesitaban para que pudieran mantener el ritmo escolar del curso, contribuyendo de esta manera a reducir la desigualdad educativa que generó la pandemia. La realidad también nos llevó a evidenciar la necesidad de la capacitación digital o tecnológica, no sólo de los y las menores, sino también de las personas encargadas de su educación, educadores, educadoras, madres y padres.

En la Red Sur de entidades del Programa CaixaProinfancia, nos planteamos este tema como un reto para curso 2020-21. Del trabajo conjunto surge la realización de formaciones para las figuras clave en la educación de los menores: familias y profesionales de la intervención socioeducativa.

Para mejorar la competencia digital como aprendizaje, no sólo nos debemos centrar en la capacitación técnica de la tecnología sino también en la ideológica, es decir, la adquisición de las competencias digitales es un proceso que requiere intencionalidad. De esta idea partía nuestra compañera de Fundación Tomillo, Julia Tartaglia, en la formación a los y las profesionales de la Red Sur CaixaProinfancia, que se realizó el 22 de abril con el título “Digitalización: Claves metodológicas”. 45 profesionales de 9 entidades sociales reflexionaron sobre la transformación digital acontecida en el último año. Sus luces y sus sombras, así como del rol de la digitalización en la intervención socio-educativa.

Del papel de la digitalización en nuestra actuación educativa nos quedó claro que esta transformación digital no tiene vuelta atrás, que nuestra actuación tiene y deberá tener una base digital, ya que lo digital es una competencia del siglo XXI, que adquirirá la categoría de instrumental. Lo digital y lo analógico están destinados a convivir.

El uso de redes sociales por parte de niños y adolescentes en España ha ascendido un 170% durante el confinamiento por la pandemia de la Covid-19, comparado con los datos de principios de 2019” (ABC 09/6/2020).

¿Y ahora qué? Revertir esta situación es también una de las mayores preocupaciones de las familias con las que trabajamos y así lo reflejaron en las sesiones de formación para familias organizadas por las entidades de la red Sur de CaixaProinfancia.

El miércoles 28 en Villaverde y el jueves 29 en Usera, contamos con la colaboración de la psicóloga Laura González, del Servicio de Prevención de Adicciones (PAD) del Ayuntamiento de Madrid para formar a las familias sobre “El uso y Abuso de las redes sociales”. 25 familias pudieron conocer efectos perjudiciales para nuestros hijos del abuso de redes sociales y de los juegos online, entre ellos cómo afecta al sueño, la vista y las capacidades cognitivas, o que tienen más estrés y menos relaciones sociales, aunque ellos crean lo contrario, por el mundo de amistad “imaginaria” de las redes sociales. Se trabajaron también las pautas educativas para afrontar esta situación y sobre todo un tema que inquietó mucho por su transcendencia, los indicadores que reflejan adicción en sus hijos e hijas.

El fin último de estas formaciones de capacitación tecnológica es reducir la brecha digital de población en situación vulnerable. Siendo conscientes de que los recursos tecnológicos materiales son un factor clave que contribuye a esta brecha digital, valoramos que la capacitación tecnológica es una variable fundamental que debemos abordar desde las entidades sociales.

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